La visita de la muerte.

Carlos tenía 19 años, se fue de la casa de sus padres por un tiempo, buscaba calmar los problemas que tenía con ellos. Decidió irse unas semanas a la casa de campo de sus primos, cuando llegó ellos habían hecho una reunión donde habían chicas muy bonitas.

Resulta que con unos tragos encima una cosa lleva a la otra y Carlos terminó haciéndose novio de una de las chicas. Pasaron los días y todo iba de la mejor manera, conoció a los padres de la chica, paseaban todos los días y otras cosas.
Sin embargo, un día el papá de la chica estaba ya muy enfermo de los riñones y de un momento a otro pidió a Carlos que se casara con su hija, que no la fuera a desamparar, ante esto él se preocupó bastante, puesto que sólo tenían tres semanas de ser pareja, pero aún así decidió prometerle al señor lo que le pedía.

Pasaron dos semanas más y el señor se puso muy grave, tanto así; que tuvieron que traerlo en ambulancia desde El Milagro hasta el hospital Regional.
Llegó al hospital inconsciente y tuvieron que internarlo en cuidados intensivos.

Una noche, le tocó hacer la guardia y aunque a nadie le agradan los hospitales; fue de buena gana a cuidar al señor. Entró al área de cuidados intensivos y la mamá de su novia, bajó y se fue a descansar un rato a su casa

Cuando Carlos entró donde se encontraba el señor este abrió los ojos muy grandes a pesar que tenía varios días inconsciente, él se asustó, pero disimuló y le preguntó al señor que cómo se sentía, a lo que el señor le respondió: “Qué bueno que viniste, porque quería recordarte de lo que platicamos aquella vez. Tú me prometiste que te casarías con mi hija y espero que lo cumplas”.

Carlos se sorprendió porque el señor se había acordado de esa plática y le aseguró que no se preocupara por eso; que él era un hombre de palabra y que iba a cumplir su promesa.
Luego de decir esas palabras el señor volvió a quedar inconsciente, de pronto sintió un frío que le recorrió la espalda, y en un segundo comenzó a sonar una máquina de uno de los enfermos del cuarto.

Entraron las enfermeras y los doctores; sólo para percatarse de la muerte del paciente de a un lado. No pasaron ni diez minutos cuando nuevamente Carlos sintió el mismo frío recorrer su espalda y se repitió la misma situación. Entonces él empezó a pensar que era la muerte la que le ocasionaba esos escalofríos.

Pasaron algunas horas y Carlos no aguantaba el miedo, pero en cuidados intensivos no puedes dejar solo al paciente ni por un minuto. De pronto, el papá de su novia vuelve a abrir los ojos y le dice: “Ya me voy hijo, les dices a mi gente que no sentí dolor y que me voy tranquilo porque pude arreglar unas cosas antes de irme, aunque otras se quedaron sin resolver, pero Dios dirá cómo se componen”.

Y en ese momento Carlos le dijo que no se preocupara, que todo estaría bien, pero de pronto volvió a sentir el mismo frío que sintió anteriormente y supo que esta vez, la muerte venía por el señor. Así que solo se hizo a un lado y la dejó hacer su trabajo.

Carlos nunca pudo ver la muerte, pero sabe muy bien que sintió su presencia tres veces esa misma noche. Desde esa noche reconoce que existe un ente que viene por nuestras almas.

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