El caso de Danna Angelina, una joven de 21 años, estremeció a Chihuahua y encendió la indignación social. El 17 de agosto salió de su casa con la intención de reunirse con amigas; desde entonces, nada se supo de ella. Su familia lanzó una búsqueda desesperada que pronto se multiplicó en redes sociales, pero fue un mensaje anónimo el que cambió el rumbo de la historia.
“Entre y busque en la parte de atrás”, decía el aviso enviado por una supuesta amiga, quien aseguraba haber escapado de la vivienda donde ambas fueron privadas de la libertad. El mensaje apuntaba a un domicilio señalado por vecinos y familiares, donde la desesperación se mezclaba con protestas. Sin embargo, la entrada de las autoridades se retrasó debido a la falta de una orden judicial, lo que encendió aún más la sospecha y el enojo colectivo.
Pasada la medianoche del 19 de agosto, finalmente se autorizó el cateo. En el patio trasero, bajo una plancha de concreto, se halló el cuerpo de Danna. La autopsia reveló que murió a causa de una herida en el corazón provocada por arma blanca. El feminicidio de Danna no solo destapó un acto brutal, sino también la exigencia de justicia y de respuestas sobre la actuación tardía de las autoridades. Colectivos feministas ya han convocado marchas, recordando que cada minuto perdido puede significar una vida.
