Buscó a su hijo durante semanas y descubrió que ya estaba en el Semefo desde antes de poder denunciar su desaparición


Stefany buscó a su hijo Roberto Antonio, de 16 años, durante semanas. Recorrió oficinas, presentó denuncias, esperó fichas de búsqueda. Lo que nunca imaginó es que, mientras ella lo buscaba, el cuerpo de su hijo ya estaba en el Servicio Médico Forense del Estado de México, y que nadie se lo había dicho.


Roberto Antonio, conocido como «Tony», salió de su casa el 1 de junio alrededor de las 19:30 horas rumbo al frontón donde trabajaba en limpieza, en la colonia Unión de Guadalupe, Chalco. Esa fue la última vez que su familia supo de él. Al día siguiente, Stefany fue a buscarlo al lugar de trabajo. Le dijeron que había salido a las 14:30 horas. Días después, las cámaras de seguridad revelaron una historia distinta: el joven había salido acompañado de un hombre alrededor de las 3:30 de la madrugada.


La denuncia formal por desaparición no pudo presentarse hasta el 5 de junio, porque según le informaron en la Fiscalía, los trámites de ese tipo no se realizaban en fin de semana. Cuatro días perdidos que resultarían decisivos: Roberto Antonio ya había sido localizado sin vida desde el 3 de junio, dos días antes de que la familia lograra denunciar oficialmente su desaparición.


Stefany se enteró semanas después, por cuenta propia, tras acudir a instalaciones en Ixtapaluca donde inicialmente le dijeron que no había registro de nadie con las características de su hijo.

La recomendaron ir al área de homicidios. Ahí le dieron la noticia que nadie debería recibir de esa forma: su hijo ya estaba identificado, y nunca fue notificada.
Para cuando la familia quiso recuperar el cuerpo, ya era tarde. Los restos habían sido enviados a una fosa común. Hoy, Stefany exige que se los entreguen para poder despedirse de él como se merece.


La familia también reveló que desde marzo había denunciado amenazas de muerte contra el adolescente, denuncia que, según ellos, nunca derivó en ninguna acción de protección. Ahora piden que esos antecedentes formen parte de la investigación del homicidio.


Roberto Antonio tenía planeado entrar a la preparatoria en agosto. Trabajaba en el frontón para juntar dinero para sus gastos personales. Un proyecto de vida que quedó truncado, y una familia que, además del duelo, tuvo que enfrentar el silencio de las instituciones que debían ayudarla a encontrarlo a tiempo.

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