Muerte en la ruta: Dueño de "Funerales San José" pierde la vida en cumplimiento de su labor.

El destino tiene un sentido del humor negro y, a veces, implacable. En la madrugada de este jueves, sobre la carretera Guadalajara-Morelia, la muerte decidió reclamar a quien pasaba sus días sirviéndole. El dueño de una conocida funeraria, un hombre de 44 años que regresaba de cumplir con la solemne labor de embalsamar un cuerpo, encontró su propio final en un choque tan brutal que dejó a dos difuntos esperando en el asfalto.
El reloj marcaba las primeras horas del día cuando el silencio de la ruta fue destrozado. A la altura del kilómetro 40, la carroza rotulada con el nombre "Funerales San José" se incrustó casi por completo bajo la caja de un tráiler que, en una maniobra imprudente, intentó incorporarse a la vía desde una gasolinera. El corte de circulación fue total; la vida del empresario, también.
Una escena doblemente sombría
Cuando los paramédicos de Protección Civil de Tlajomulco llegaron al sitio, se toparon con un cuadro desgarrador: el conductor yacía prensado entre los fierros de su herramienta de trabajo. Pero el horror no terminaba ahí; en la parte posterior del vehículo siniestrado, el cuerpo de un hombre de 80 años que debía ser entregado a su familia aguardaba, por segunda vez, su traslado final.
El rescate fue una labor de precisión técnica, pero lo que siguió fue una batalla contra la burocracia.
Indignación entre el tráfico y el duelo
Mientras el caos vial se extendía por más de 15 kilómetros —llegando hasta San Agustín—, la desesperación de los familiares del fallecido crecía. A pesar de estar a pocos kilómetros de la cabecera municipal, el Ministerio Público de Tlajomulco se tomó su tiempo. "Es una situación lamentable", denunció la hermana de la víctima, atrapada en la impotencia de no poder retirar el cuerpo de su hermano ni liberar los restos del adulto mayor que transportaban.
Pasaron horas bajo el frío de la madrugada antes de que el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses hiciera su aparición. El hombre que dedicó su vida a dar el último adiós a los demás, ahora comenzaba su propio camino hacia la morgue de Tlaquepaque, dejando una carretera colapsada y una familia destrozada por una imprudencia que convirtió una carroza en un ataúd metálico.