FATAL OBSESIÓN

septiembre 18, 2020 Por admin 0

Capítulo 1 IMPOSIBLE ATRACCIÓN

Por: P. Sánchez

«Suele pasar que en ocasiones la vida no es justa para muchos, no puedes tener a ciertas personas o contemplarlas en tu vida. No puedes hacer una vida o siquiera, puedes voltear a verlas, mucho menos enamorarte de las personas prohibidas. Tal como es mi historia :»

Mamá y papá se divorciaron cuando yo tenía trece años. Al principio mi hermano menor y yo vivíamos con papá por cuestiones de la solvencia económica, veíamos a mamá dos veces por semana.

Pero las cosas se tornaron algo complicadas cuando papá empezó a tener citas con mujeres muy seguido y las atendía en casa, lo que causaba incomodidad para kevin mi hermano y para mi. A los dos años del divorcio mamá pudo encontrar un buen trabajo en una oficina como secretaria donde la paga era buena. Así también tenía más tiempo para mi hermano y para mí.

Con lo cual se apoyó a que ambos hijos viviéramos de forma definitiva con ella y así fue como decidí irme a su casa. No me sentía a gusto con papá, kevyn por su parte decidió quedarse con él y hacer lo que le placiera, ya que era el consentido.


Al venir a vivir con mamá había más comodidad en el nuevo departamento, podía tener mi propia habitación, mi propia cama, no dormía en el pasillo como con papá y disponía de mi espacio propio con su respectiva privacidad.


Todo pintaba a color de rosa, sin embargo con los meses mamá empezó a notarse más ausente en casa, decía que su trabajo la necesitaba y se quedaba en la oficina hasta horas de la noche excusándose con trabajar horas extras. Ya no convivimos como lo hacíamos y al llegar a casa sólo quería estar dormida.


Después de un tiempo ella misma confesó que empezó a salir con su jefe, lo cual no fue tan agradable para mí, pero con los días me hice a la idea, ya que mamá había pasado años sola tratando de superar su situación emocional con el divorcio.

Merecía a alguien que la hiciera feliz.Así que, sin más ni menos le deseé toda la felicidad a mamá con su nueva pareja, ella se veía feliz y si ella era feliz yo también lo sería.

Una de tantas noches en las que se quedó «horas extra» noté desde mi habitación que se abría la puerta principal y alguien la acompañaba, en efecto era un hombre. No pude distinguir los rasgos físicos de su apariencia, sólo el saco color gris oxford que sostenía con una mano sobre el hombro y la insistencia de mamá por meterlo a su habitación. El susurro de su voz le mencionaba que yo estaba aparentemente dormida y que podía entrar sin problema alguno. Según ella yo «no sospecharia» lo que ellos estaban por hacer.

Eran tales los movimientos que desde mi habitación se percibían: el movimiento del colchón, el rechinar de la base de la cama, los gemidos… Era como escuchar una película pornográfica al rojo vivo y peor aún, al lado de mi habitación.

Al no soportar más la situación, decidí ponerme los audífonos y tratar de concentrarme en la música que escuchaba. Cosa que fue imposible. Opté por no hacerle mucho caso al momento pero el morbo y la curiosidad siempre matan al gato, o eso dice el dicho y es verdad. Después de algunos minutos decidí quitarme el audífono pero al parecer el acto había terminado.

Curiosamente había un silencio abrazador que provenía de su habitación. Decidí levantarme de la cama y caminar a gatas para abrir un poco la puerta y ver si necesitaba algo, logré ver como una silueta masculina que había salido de su habitación bajaba los escalones a la primer planta, era un hombre muy alto y de figura atlética, cabello entre castaño claro y cano, espalda ancha y brazos definidos. Vaya, mamá tenía buen gusto.

Tal pareciera que el tipo sabía que yo lo estaba espiando y volteó en un entrecejo, no logré ver su rostro por la oscuridad pero él sí pudo ver que era yo quien lo observaba en el pequeño espacio entreabierto. Cerré inmediatamente la puerta y sentía como mi corazón agitado se sobresaltaba, podría jurar que casi se me salía del pecho. Habrá notado que lo observaba? Peor aún. Habría notado que yo estaba en ropa interior?

Al día siguiente mamá se levantó con una resaca terrible. Me dijo que habían salido entre compañeros por unas copas a un bar y al parecer se le fueron las cuentas de lo que había bebido.

El buen jefe le hizo el favor de traerla a casa y el resto ya es historia, esa historia que por cuestiones obvias ella no me contaría pero que yo ya sabía. Mi curiosidad se acrecentaba. Quien era ese hombre que salió de la habitación de mamá?


Quién había hecho lo que mis oídos vírgenes habían escuchado?
No tanto era la curiosidad, quiero creer que era el morbo.

Una de tantas noches en las que yo me disponía a ver películas con jennifer, mi mejor amiga, simplemente llamó y dijo que llegaría en dos horas y que traería consigo a su jefe. Lo había invitado a cenar.

No me dio tanto gusto recibir esa llamada pero haría lo mejor y lo haría por ella. Su felicidad en verdad me importaba. Así que suspendimos nuestra noche de películas y puse todo de mí por darle la bienvenida al invitado.
Preparé trozos de queso y piña con jamón argentino, las botanas que le gustaban a mamá.

Ella tenía unas cuantas botellas de vino tinto en la alacena que se bebía en sus días libres. Puse velas a la mesa y proseguí a hacer una ligera ensalada acompañada con pan francés y una guarnición de fruta.

Un pollo se cocinaba en el horno mientras el mantel rojo estaba puesto a la mesa. Era quizá mala estudiante pero nunca había sido una mala cocinera en casa.

Tanto tiempo sola y con las ventajas de Internet me hicieron ser una chef predilecta y privilegiada. El centro de mesa estaba espectacular. No cabe duda que era una chica muy creativa a mis 17 años.Ahora vendría lo difícil : que usar esa noche y no avergonzar a mamá con el supuesto invitado.

Creo que jamás en la vida me ha preocupado tanto mi manera de vestir. Honestamente yo no uso vestidos o faldas o algo que se le asemeje. En mi closet solo encontraba jeans y ropa deportiva. No tenía mucha variedad y no era tan femenina puesto a que la ropa deportiva y sport es mucho más cómoda. Así que sin más ni menos, decidí entrar a la habitación de mamá y hechar un vistazo a su closet .

Tenía ropa muy bonita, mamá es muy femenina, todo lo opuesto a mi. Usaba interior de encaje y satinada . Le encanta el terciopelo y la ropa tipo seda. Usa maquillaje, se peina como estrella de Hollywood. Mamá es una monada.

Decidí tomarle prestado un vestido negro con escote de espalda. Era corto y al estar puesto lucía una abertura en ambas piernas. Un ligero escote desnudaba la espalda y apretaba entre la cintura y el abdomen marcando el desliz y la caída del vestido sobre las caderas. Vaya que mamá tiene buen gusto en vestidos aunque un poco provocativo.

Desde la planta alta en la habitación de mamá pude ver como desde la calle la luz de un vehículo entraba por el jardín delantero. Habían llegado a casa. Ya no tenía más tiempo para maquillaje, ni para ponerme al menos unas medias, no había tiempo de recojer mi cabello o arreglarlo. Así que opté por simplemente cojer los tacones y colocarlos en mis pies descalzos. Un poco de mi loción y a correr a recibirlos.


Baje como pude a la planta de abajo y allí estaban mamá y el invitado.

-Huele bien. – Se refirió el jefe de mamá.
-Te lo dije, jeanette es una excelente cocinera. – Respondió mi madre mientras lo miraba fijamente.

Decidí acercarme y la impresión de ambos los sacó de su juicio o eso creo porque aquel hombre de cabellos castaños me miraba sin apartar sus ojos. La miraba de mamá era similar aunque desconcertada.

-Buenas noches. – Me dirigí a ambos. – Sea usted bienvenido y sientace en su casa. – Le hablé de la mejor manera al invitado.

-Maximiliano, pero llámame Max.

Vaya que mamá tiene buen gusto, Maximiliano era un atractivo empresario, su cabello con destellos plateados meneaba una medio larga y bien poblada cabellera.

Alto con espalda ancha, brazos largos y definidos. Su pectoral así como su cuerpo estaban hechos a la medida del traje que portaba, vestía de una forma ajustada dejando a la imaginación lo que había debajo de ese traje color negro. Se notaba un hombre formal y de buen carácter.

Su nariz era griega y su barbilla cuadrada combinaba con ese aspecto extranjero que tenía junto con esa barba fina y no muy crecida. Parecía alemán. Un par de ojos grises acompañaba con esas cejas pobladas. Toda una descripción de un hombre maduro interesante. Parecía estar entre sus 40 y 45 años.

Ese instante mágico en que la mirada de ambos se fue en dirección al vestido de mamá puesto en mi, va a ser inolvidable.

-jean te pusiste mi vestido?

-lo siento mamá, quería recibirlos bien. Además nunca uso vestidos y ésta es una ocasión especial. Por favor Maximiliano, pase al comedor.

-Gracias Jeanette. Tu madre me ha hablado mucho de ti. – sé dirigió hacia mí. – Adquiriste la belleza de tu madre. -Me dijo mientras me saludaba con la mano. – Es un placer.

Por cuestiones obvias me sonroje. Esa mirada sobre mí me daba cosquilleo.

-Pasa por favor Max. Le avisé a Jean hace dos horas que veníamos a casa. Siéntete en tu casa por favor. Como ya ves, mi hija es una chica muy veraz en la cocina. Ella cocina cosas deliciosas. Es maravillosa.

-Que bien. Bueno veamos que tal cocina.

Se sentaron a la mesa y así conversamos los tres. Fue una noche agradable a pesar de no conocerlo. Mamá se veía feliz. Era lo más importante para mí. Verla feliz después de tantos años me daba la seguridad de que por fin seríamos una familia completa.

Mamá tendría con quien apoyarse, con quien charlar y con quien disfrutar de los buenos momentos de la vida.Nos dispusimos a disfrutar de la cena hecha para ellos y al parecer la disfrutaron con mucho entusiasmo.

Bebieron vino tinto y al final un poco de charla. Al parecer a mamá se le empezaban a subir las copas nuevamente y sus comentarios aunque buenos estaban fuera de lugar, estaba ebria.

Max me ayudó a llevarla a su habitación y la cubrió con una manta. No era un mal hombre. Se le notaba atento con ella.

Bajamos a la planta baja y me dispuse a recojer un poco la mesa. Le ofrecí un poco de agua, pero dijo que sería mejor irse a su casa. Ya que era noche y no debería de estar solo con una adolescente a solas. Ese fue un mensaje subliminal?
Se dirigió a la puerta, inmediatamente lo acompañé y nos despedimos.

-Gracias por acompañarnos. Lamento que mamá se haya quedado dormida. Seguramente estaba cansada. Gracias también por ayudarme a subirla.

-Gracias por la invitación, Jean, la cena estuvo deliciosa. Todo estuvo perfecto. Eres una cocinera talentosa, una chica excepcional y una bella mujer. Te estoy agradecido. No sabes cuántas ganas tenía de conocerte- Tomó mi mano y la besó en forma de despedida. – Pasa una excelente noche.

Juraría que en ese mismo momento en el que besó mi mano se vino a mi mente ese fragmento de recuerdo en el que volteó y me vio observarlo con la puerta semiabierta.

Esa noche no pude dormir bien. La imagen de Max perseguía mis sueños. Era acaso un deseo que yo tenía con él?
Un deseo que quizá yo reprimia?

En mis sueños más íntimos, él entra a mi habitación con pasos sigilosos, escucho el rechinar de la puerta en medio de la oscuridad.

No lo veo mientras duermo pero escucho sus pasos que se dirigen hacia mí cama. Me quita la sabana y comienza a acariciar mis senos. Besa mi cuello y toca con suavidad mi abdomen hasta bajar una de sus manos en mi pubis. Acaricia mi parte más íntima y siento los dedos de sus manos grandes masajear ese punto de extasis. Abro mis ojos dentro de ese mismo sueño y soy yo quien lo invita a tocar más al fondo. Me introduce sus dedos haciendo movimientos rítmicos adelante y atrás.

Con su pulgar masajes suavemente mi clitoris. Puedo sentir como en mi interior mueve sus dedos. Los saca y los chupa.

Acarició su rostro y pongo mi cuerpo sobre él. Procedo a besarlo y lo hago de tal forma que recorro todo su cuello, siguiendo al pectoral y al abdomen hasta llegar a esa firme y rígida delicia. Meto su pene en mi boca y succiono de forma que veo el placer en su rostro mientras se iergue y suspira cuando lo hago. Toma mi cabeza con ambas manos y toma el control marcando su propio ritmo.

Me retira y me acerca a sus labios besándome para probar mi saliva con el sabor a sus fluidos, toma mi cintura e introduce su duro miembro dentro de mi.

Siento como cada centímetro de él están entrando en mí. Su prepucio empuja mis paredes vaginales, sus venas, el grosor de su pene, todo el cuerpo de su miembro se mezcla con mis fluidos y le facilita la entrada.

Es un extasis y combinación de emociones : dolor al inicio, después ardor y al final placer. Me muevo a mi propio ritmo, de adelante hacia atrás mientras él sigue sosteniendo mi cintura.

Eleva un poco su pelvis y taladra con su pene en mi interior de una forma deliciosa. Puedo escuchar como entra y sale su pene húmedo por mis fluidos.

Es algo delicioso.Cuando ya no puedo más siento un escalofrío sin frío que recorre mi piel acompañado de electricidad desde mi útero, hasta el monte de venus. Me agito cada vez más y esa sensación de cosquilleo en mi vagina me persigue, seguido de un gemido y él continúa metiendo su pene en mi pero ahora me ha puesto sobre mis manos y rodillas.

Lo hace a ritmo veloz y cada vez empujando más dentro de mi. La sensación es inexplicable, humedad, rigidez, ese cosquilleo por dentro con toques de electricidad que rodean mi vagina. Toma con fuerza mi cintura y un líquido sale de su interior para entibiar mi vagina.

Siento como ese fluido que sale de su pene envuelve mi vagina y es tibio. Hay calor, y mucho sudor. Así como un olor extraño. Al querer salir de mi cuerpo, se detiene para volver a introducirlo con fuerza. Lo hace otras dos veces seguidas y por fin se sale.

Un fluido viscoso sale de mi vagina y chorrea corriendo por mis labios vaginales. En ese momento despierto de mi sueño y noto que me he mojado.Que demonios pasó en ese sueño? Que rayos me orilla a soñar eso?
Porqué lo he soñado? Max es pareja de mamá.
Esto tiene que detenerse.

Con el paso del tiempo quice creer que yo estaba mal, que eran alucinaciones mías y que tenía que reprimir esas ideas sobre Max.


Pasó un año de convivencia cuando mamá decidió abrirle las puertas de la casa a maximiliano e invitarlo a vivir con nosotras. Ya no había tenido esos extraños sueños y la relación entre Max y yo se había fortalecido, éramos más amigos que antes, había más confianza. Me ayudaba con las tareas, me ayudaba en la cocina. Incluso nos mudamos al departamento de él, que era más amplio y tenía alberca en el jardín trasero. Era un hombre excepcional, fantástico.

La atención que nunca había tenido de mi padre la tenía con él y hasta mejor, él era muy cariñoso conmigo. Me demostraba su afecto. Creí haber interpretado mal las cosas seguramente por su apariencia y mi atracción hacia él. Eso creía yo hasta esa noche:

Max y mamá decidieron hacer una reunión en casa con algunos amigos de la oficina, como casi siempre mamá no mide las copas que se bebé quedando ebria y dormida en el sofá. Max la cargó y subió para llevarla a la cama, mientras yo limpiaba la mesa y fregaba los platos. Mientras lo hacía pude sentir como el cuerpo de él estaba detrás mío, se me paralizó el cuerpo y la piel se me puso de gallina.

-Con tu permiso, necesito beber agua. -Dijo mientras tomaba agua de la llave en un vaso de cristal. Aún así estuvo demasiado cerca. El espacio entre ambos se redujo y fue abrazador. Tranquila Jean! Es tu imaginación. O eso creí. Más tarde decidí ir a dormir a mi habitación, pero lo vi sentado en el sofa un poco triste y pensativo. Solitario . En su mano, un vaso con whisky y hielo. Me acerqué a él para hacerle compañía.

-Hola. Puedo hacerte compañía?

-Hola, Jean. Claro, siéntate. Aunque ya es noche para ti. Lo ideal sería que te fueras a dormir. Fue un día largo.

– Si quieres que te deje solo, lo haré. – le dije miéntras me levanté del sillón y en ese momento él tomó mi muñeca y me pidió que me sentase nuevamente y no le dejase sólo.

-No, quédate. Me hará bien una compañía. No quiero estar en este momento sólo.

Nos quedamos en silencio alrededor de 10 o 15 minutos. Ese momento se hizo incómodo. Se sentía el silencio sobre nosotros. No veía el momento conveniente de mencionar palabra alguna y con honestidad no tenía tema de conversación.

Por lo que decidí mejor levantarme nuevamente y hacer caso con respecto a irme a la cama. Me levanté y en un abrir y cerrar de ojos, él dejó caer el vaso de cristal rompiéndose a fracciones en el suelo para sostenerme tomar mi rostro y besar mis labios.

Sin esperarlo, me miró a los ojos por unos segundos, esos ojos bellos color gris que miraban a través de los míos y no obstante decidí corresponder a su beso.

Me subí sobre él con las piernas separadas, me abracé a su cuello y empecé a besarlo. Esa mezcla de loción de caballero con sudor y olor a whisky me estaba excitando.

Max, tomó con ambas manos mi trasero y empezó a acariciar debajo de mis pantalones cortos. Podía sentir al igual que en mis sueños, sus dedos largos y sus manos grandes. Me cargó y me tumbó en otro sofá para desabotonar mi blusa y exponer mis senos a su rostro.

Besó mis labios, recorrió mi barbilla, mi cuello, y saboreo mis pechos. Con su lengua abrazaba mis pezones miéntras sostenía mis pechos con su mano y empezó a succionar.

Estaba completamente excitada. Después empezó a meter una de sus manos bajo mi short, con sutileza movió mi ropa interior y empezó a tocarme los labios vaginales con sus dedos. Deslizaba desde mi clitoris hasta mi ano.

Que delicia sentía. Pudo notar lo húmeda y excitaba que estaba, masajeaba con mayor intensidad y sacó sus dedos para chuparlos y exclamar que le encantaba su sabor.Sin titubear ni quitar su mirada de la mía, me quitó el short para ver de frente mi pubis totalmente desnudo.

Primero lo olio y después empezó a besar mis muslos. Uno a uno los besó y después empezó a lamer mi pubis. Su lengua sabía a la perfección como recorrerme y llegar a ese punto de excitación máxima. Primero la punta de su lengua abrazaba mi clitoris y después lo succionaba haciendo ligeros movimientos en círculos con la lengua, después la deslizaba por mis labios y lamia hasta el ano. Hacía como si introdujera su lengua por mi vagina. Hasta notar el desperfecto.

-Qué? – Dijo con asombro.

-Qué sucede? Dije preocupada mientras él se sonreía de una forma sorpresiva.

-No pensé que tú… Es que no puedo creerlo!

– Dime qué pasa conmigo? No tengo nada malo.

-Oh nena es que sencillamente no soy el indicado. No puedo hacerte esto. Perdoname por favor. – Dijo mostrando culpa.

Maximiliano se dio cuenta que no soy una chica experimentada. Mi himen seguía intacto. Yo jamás en la vida había estado con un chico. Había alguna vez besado de una forma intensa, con pasión y lujuria. Había experimentado la masturbación pero llegaba el miedo a la penetración y me reusaba terminar del acto sexual. En este caso con Máx era todo lo contrario. Mi vagina pedía a gritos que me penetrara. Exigía su pene en mi interior. Al parecer le di una mala impresión y pude ver la expresión de culpabilidad en esos ojos grises.

Me miró con ternura, abotonó mi blusa con cuidado y con vergüenza me pidió disculpas.

Tomé su rostro y lo besé nuevamente. Era obvio que él tambien quería penetrarme, lo sentía en sus pantalones rosando la pierna. Podía sentir su miembro erecto. Volvió a besarme, pero ya no fue igual.
Su mirada estaba enternecida y volvió a pedir disculpas para al final retirarse.

Que rayos había pasado entre nosotros?

Que hicimos?

Acaso no quería tenerme?

Entonces porqué decidió empezar esto y no terminarlo.

Llorando y con algo de vergüenza me fui a mi cama, cubrí mi cuerpo con la sabana y lloré en silencio. Esa noche Max no llegó hasta la madrugada como a las 5am. Solo escuché que abrió la puerta de la habitación de ellos y durmió.

Esa misma mañana un par de horas más tarde me levanté e hice el desayuno. Mamá bajó con una resaca preguntando la hora a la que ella misma se había ido a dormir y yo no respondía palabra alguna. Sentía vergüenza, no podía siquiera mirarla a la cara. No podía voltear porque seguramente vería lo mala hija que soy. Que le diría al respecto? «mamá cuando te fuiste a dormir, Max y yo tuvimos un momento caliente y me hizo sexo oral».

Simplemente no volteé pero si escuché a Max bajar del segundo piso y exclamar que tenía hambre.

-Que noche! Estuvo fantástico. Huele bien. Que hay de desayuno?-No se veía ni avergonzado, ni sospechoso. Ni con algún cargo de consciencia. Me miraba como si nada, absolutamente nada hubiese pasado.

-Siéntate cariño, te prepararé café. – mencionó mi madre, mientras yo volteaba el hotcake del sartén.

-Hola Jean, buen día. Que hiciste hoy de desayuno? Sorprenderme! – Nuevamente sin remordimiento alguno y hasta jugaba con mamá mientras le hacía caricias en el cabello.

-Huele a quemado – exclamó él mientras su mirada se dirigía al sartén, y en efecto el maldito hotcake se había quemado. Con una toalla de cocina quice tomar el sartén y ponerlo sobre la barra pero me quemé. Sin pensarlo la reacción de Max lo llevó a correr sobre mí, tomarme la mano y meterla bajo el chorro de agua de la llave. Revisó para ver si había quemadura y la envolvió en la misma toalla. La apretó un poco y me vio de la misma forma que me había visto horas antes de besarme y ponerme sobre aquel sofá.

Mamá vio la atención repentina de Max hacia mí, pero creo que no le dio tanta importancia. Max se sentó al lado de mamá y desayunando olvidamos la escena. Al parecer Max no recordaba nada. Había comentado en la mesa que estaba tan hebrio que se había quedado dormido sobre el sofá y al despertar decidió regresar a la cama. Será verdad que no recuerda nada?Quizá tenía razón, lo mejor era quitar de mi mente esa escena y olvidar lo ocurrido. No querría dañar a mi madre. Jamás lo haría.

Con el paso de los días todo volvió a la normalidad, nada se veía sospechoso, sin embargo note un poco distante a Max. Ya no se acercaba a ayudarme con las tareas.Aunque seguía hablando conmigo se había distanciado en presencia.

Una noche me puse a platicar por celular con Jennifer sobre clases de matemáticas, al no entender el maldito problema de aritmética decidí dormir. Noté como se abrió la puerta de mi habitación y escuché unos pasos dirigirse a mi cama, obviamente yo fingía estar dormida. El olor característico de su loción confirmó que era él. Pude sentir el peso de su cuerpo sumergirse sobre mi cama y a unos centímetros de mi cuerpo, me dirigió un beso en la cabeza y y cubrió mi cuerpo con la sábana.

Si supieras Max lo mucho que me gustas. A mi mente volvieron los recuerdos de aquella noche donde estuvimos sobre el sofá. En ese momento deseé tanto no finjir estar dormida para abrazarlo, besarlo y hacerlo mío. Pero la realidad era otra. También pensaba en mamá que estaba en la planta baja. Aún fingía estar dormida. Max acarició mi cabello y me volvió a besar la cabeza. Sentí su respiración sobre mi cabeza, la distancia entre ambos era realmente corta. La proximidad entre ambos, ese olor a su loción, cada vez recordaba ese día. Max tómame!!!
Seguramente Max también quería hacer lo mismo, aunque no recordara nada, su instinto también lo llevaría a besarme, lo siento y lo sé porque se quedó más tiempo de lo normal y empezó a acariciarme el cabello. Sin embargo la voz de mamá le llamó y salió de mi habitación.