Tenía 21 años y salía a buscar trabajo. Eso fue lo último que su familia supo de Edith Guadalupe antes de que desapareciera el 15 de abril en la Ciudad de México.
Dos días después, la encontraron sin vida dentro de un inmueble en avenida Revolución, en la alcaldía Benito Juárez. Su cuerpo estaba embolsado.
Las autoridades no la encontraron solas — fueron su propia familia y la presión ciudadana los que forzaron la intervención.
Desde el primer momento, los familiares de Edith tomaron la investigación en sus propias manos. Revisaron cámaras de seguridad y rastrearon su recorrido: salió de su casa en mototaxi de aplicación y fue captada entrando al inmueble en avenida Revolución.

No había imágenes de su salida. Con esa evidencia en mano, notificaron a las autoridades capitalinas y pidieron intervenir el lugar.
La respuesta no fue inmediata. Ante la falta de acción, los familiares se manifestaron frente al edificio y bloquearon la vialidad para exigir que alguien entrara.
Fue entonces cuando elementos de la Policía de Investigación ingresaron al domicilio y confirmaron el hallazgo. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México corroboró posteriormente que el cuerpo embolsado era el de Edith Guadalupe.
Fue a buscar trabajo. Entró a un edificio. Y su familia tuvo que bloquear una avenida para que alguien fuera a buscarla.
