Entre copas y fierros retorcidos: El caos sacude el bulevar
La velocidad y el alcohol nunca han sido buenos copilotos, pero la noche de este jueves, en Guadalupe, se convirtieron en los protagonistas de una escena digna de una película de acción con un final amargo. Poco después de las 21:00 horas, el estruendo de metal contra pavimento rompió la calma frente a un conocido restaurante italiano del bulevar metropolitano, dejando un rastro de botellas vacías y vidas en vilo.
Lo que comenzó como una reunión social terminó con un Hyundai i10 convertido en un amasijo de hierro volcado sobre la lateral. El exceso de velocidad no perdonó: el vehículo perdió el control, dio volteretas y terminó descansando de forma surrealista contra una maceta del establecimiento.
El escape y el rescate
El impacto fue brutal, pero la adrenalina hizo lo suyo. Tres de los ocupantes, a pesar de sufrir fracturas evidentes y heridas sangrantes, lograron salir del auto por su propio pie, tambaleándose entre los restos del naufragio vial. Sin embargo, el conductor no tuvo la misma suerte; quedó atrapado en el «abrazo» mortal del tablero y los pedales, inconsciente y prensado, mientras los testigos llamaban frenéticamente a emergencias.
El despliegue fue masivo. Paramédicos de REMEZA, elementos de la SSP y equipos de rescate de Protección Civil (tanto estatales como municipales) se lanzaron en una carrera contra el tiempo. Mientras dos mujeres eran estabilizadas por fracturas graves en sus extremidades y un tercer acompañante era atendido por múltiples golpes, los rescatistas utilizaban herramientas hidráulicas para liberar al chofer del metal retorcido.
El «efecto mirón» casi suma otra tragedia
Como si el caos no fuera suficiente, la curiosidad casi provoca un segundo desastre. Mientras las sirenas iluminaban la noche, un taxista —distraído por el morbo del accidente— se olvidó del frente, provocando que un motociclista se estrellara contra su unidad. Afortunadamente, este incidente quedó solo en un susto y un intercambio de palabras, permitiendo que las autoridades se concentraran en lo importante.

Al final, el peritaje de la Policía Vial Preventiva confirmó lo que las botellas halladas en el interior del vehículo ya sugerían: la imprudencia al volante bajo los efectos del alcohol tiene un precio muy alto. Cuatro personas permanecen en el hospital, mientras los restos del auto sirven como un crudo recordatorio de que la fiesta no debe terminar en el asfalto.
