Hallazgo en Valparaíso: Las Escarabajos vuelven a enfrentar la espera que nunca debería existir

VALPARAÍSO.— La sierra volvió a ser testigo de una de esas jornadas que desgastan cuerpo y alma. Integrantes del colectivo Las Escarabajos recorrieron durante horas los terrenos de la comunidad Mimbres, hasta que el silencio del monte les reveló lo que buscaban: huesos largos, una clavícula, una vértebra y fragmentos dispersos, señales dolorosas de una vida interrumpida.
El protocolo indicaba dar aviso a las autoridades, y así lo hicieron cerca de las tres de la tarde. Sin embargo, la respuesta institucional tardó más de lo imaginable. Las buscadoras, exhaustas, esperaron más de seis horas a que las corporaciones llegaran, mientras el frío comenzaba a caer sobre la sierra.
A unos metros del hallazgo, otro rastro contaba su propia historia: ropa variada —una camisa verde olivo, un pantalón beige, calcetines blancos y negros, prendas interiores, una playera térmica gris— y un par de botas negras colgando de un árbol. En los bolsillos del pantalón, billetes maltratados, rasgados, como si el tiempo también hubiera intentado borrarlo todo.
El abandono oficial obligó al colectivo a hacer lo que nunca deberían hacer solas. Con manos firmes y el corazón apretado, realizaron la exhumación, revisaron el perímetro y recuperaron todos los restos posibles. No encontraron más fragmentos, pero sí la certeza de que nadie más lo haría por ellas.
Después, con pico y pala, abrieron un pequeño hoyo. Prepararon mezcla de cemento y colocaron una cruz de madera bendita, adornada con la imagen de Jesucristo y una frase que conmovía a cualquiera que la leyera:
“Aquí fue encontrado un hermanito nuestro, martirizado por la violencia. Descanse en paz.”
Esa cruz, explicaron, será apenas la primera. Quieren dejar un marcador en cada punto donde encuentren restos, como un acto de dignidad, como un recordatorio de que alguien, algún día, merece volver a casa.
Las autoridades finalmente llegaron cuando la noche ya había envuelto todo. Entre trámites, explicaciones y cansancio acumulado, las madres regresaron a sus hogares cerca de las cuatro de la madrugada, heladas por el clima y por una espera que se repite una y otra vez.
En redes sociales comenzaron a surgir mensajes de respaldo. La gente exigía respuestas, recordando que cada día de búsqueda se libra con riesgos que ellas no deberían enfrentar solas, y que la ausencia institucional también deja marca: una marca que duele tanto como los silencios del monte.